sin ciencia no hay futuro

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¡Lo que no sirve, afuera!

Se trata de reducir tu consumo a lo estrictamente necesario, debes elegir bien, separar tus desechos y reciclar.

Publicado: 2014-03-31

Mis padres arrojaban basura por la ventana del carro o sobre la vereda. Y en la playa, las botellas vacías iban al mar, porque “el vidrio se degrada”, decían. De la misma manera hundían los encendedores viejos y los filtros de cigarrillo en la arena, los palitos de helado y la envoltura también. 

Recuerdo el mismo ejemplo en algunos familiares y en los padres de mis amigos cuando era niño. De hecho, casi todos en esa época no tenían el menor respeto por el medio ambiente y repetían con empeño la misma cantaleta: que el calentamiento global es normal, que ocurre cada 500 años, que el cambio climático es un invento publicitario, que los ambientalistas son unos alarmistas. Y así.

Ahora veo claramente los resultados de tanta necedad.

Hablemos de basura

En el Perú, según un informe de la Contraloría General de la República, producimos 5.8 millones de toneladas de basura al año, pero solo tenemos diez rellenos sanitarios autorizados para tratarla.

En términos generales, solo el 35% de nuestros desperdicios va hacia esos diez rellenos sanitarios. Y el 65% restante, casi cuatro millones de toneladas de desechos, termina en botaderos informales, en el río y en el mar. Eso es un montón de basura.

¿Qué sucede con la basura acumulada en los botaderos informales? Los recicladores se llevan lo que pueden negociar y los desechos de los desechos se pudren y volatilizan. El resultado de este acopio de desechos fermentados es la mayor fuente de gas metano creada por el hombre.

Vale decir que el metano se encuentra en la naturaleza en varias fuentes y es uno de los gases de efecto invernadero (GEI), responsables del calentamiento global, pero es hasta 20 veces más peligroso que el CO2 por su capacidad para atrapar el calor. Sin embargo, para muchos, lo que es invisible no interesa. Y como ya existía desde antes, qué importa un poco más.

En Ica, por ejemplo, siguen contaminando la atmósfera a vista y paciencia de todos. Si has viajado al sur en los últimos meses, sabrás de lo que estoy hablando. En el kilómetro 345, en un botadero informal casi al pie de la Panamericana Sur, el alcalde de la Municipalidad de Ocucaje permite que se desparramen 70 toneladas de basura diariamente.

Luego las montañas de desperdicios son quemadas y apisonadas con más y más mugre que se vuelve a quemar. El aire infecto y las columnas de humo negro se pueden ver y oler a kilómetros de distancia. La falta de criterio en Ica es solo equiparable con el delito ambiental en el que se incide todos los días.

Pero esto sucede a nivel nacional. Y de los diez rellenos sanitarios autorizados en el país, solo dos tratan adecuadamente los depósitos de residuos sólidos y los GEI que emanan de la basura. Y solo uno de ellos ha canalizado esa energía. Se trata del relleno sanitario de Huaycoloro, ubicado en Huarochirí, y es la primera planta termoeléctrica en los países del Pacífico Sur. 

Según los directivos de Petramás, empresa responsable del cambio de modelo, este tipo de aprovechamiento ha sido acreditado por las Naciones Unidas y avalado por el Banco Mundial “como un modelo exitoso de gestión integral de residuos sólidos, por la alta calidad de su servicio a costo social y su contribución significativa en la mitigación y adaptación frente al cambio climático”. Nada mal.

Dale la vuelta

Si los países desarrollados, cuyas emisiones de GEI son responsables en gran parte de los efectos del cambio climático y, por ende, tienen una deuda ecológica con las demás naciones en desarrollo, como el Perú, esto no quiere decir que tenemos licencia para aumentar la presión ambiental que ya nos empieza a asfixiar.

El ejemplo de Huaycoloro se debería repetir en todo el país para que en esta COP20 podamos decir frente al mundo que ya sabemos manejar nuestros desechos, que ya entendimos el ciclo, que no somos como un bebe que se sienta y se revuelca alegremente sobre sus excrementos. El Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Economía y Finanzas y la Presidencia del Consejo de Ministros tienen la palabra.

Pero si las autoridades aún no la ven clara, la buena noticia es que nosotros podemos marcar la diferencia. Se le llama “reducción en origen” o “desecho cero”. Se trata de reducir tu consumo a lo estrictamente necesario, debes elegir bien, separar tus desechos y reciclar. Así de simple. Estas medidas tan sencillas como poderosas pueden reducir drásticamente la contaminación del aire, la tierra y el agua.

Luego podemos exigir a nuestros gobiernos que implementen sistemas de manejo de desechos eficientes y con los parámetros ambientales que los nuevos tiempos demandan.

Recicla/te

Eficiencia energética, consumo responsable, ciudades sostenibles, estas fueron las metas planteadas para la octava edición de La Hora del Planeta, que se celebró ayer a las 8:30 p.m. ¿Apagaste tu luz?

El apagón simbólico busca entusiasmar a las personas, empresas y gobiernos a asumir un compromiso con el medio ambiente. Apago las luces durante una hora todos los años y me comprometo a cerrar el caño para que todos tengan acceso al agua, a usar menos el auto y más la bicicleta, a consumir responsablemente, a reciclar mis desechos.

Esto es lo que muchos en mi generación tuvimos que aprender de la manera más difícil. Pero es exactamente lo que pienso inculcarle a mi hija. Que no se tira la basura a la calle. Que una colilla de cigarrillo puede demorarse hasta dos años en desintegrarse en el mar, pero que también puede contaminar hasta 70 litros de su agua. Que el plástico puede quedarse por siglos en la tierra. Y que una botella de vidrio no se termina de degradar nunca, pero que irónicamente es 100% reciclable.

•Publicado en Diario16, el domingo 30 de marzo del 2014

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(bonus)


Escrito por

Álvaro Durand

Escribe sobre cambio climático en Diario16


Publicado en

Mamut

Extinguiéndonos en el (des)hielo